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Subir al One World Observatory: top of NYC

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Inaugurada en 2014, los datos técnicos ya impresionan: según Wikipedia, el edificio tiene 417 metros de altura (exactamente los mismos de la World Trade Center original, derribada en 2001). Con la antena superior se llega a los 541m, lo que la convierten en la torre más alta de Occidente y uno de las 5 más altas del mundo. Su construcción costó 3.900 millones de dólares y, como es sabido, está ubicada en el tristemente famoso ground zero del atentado terrorista.

La entrada básica es de 34 dólares para los adultos y de 28 para chicos entre 6 y 12 años. Los menores de 6 entran gratis. Una característica importante es que los tickets se compran con día y hora y no es como otras atracciones que sirven para cualquier momento. Esto supone al mismo tiempo una desventaja (porque es necesario planificar con precisión) y una ventaja, porque no se forman tantas colas para ingresar ni se amontona tanta gente arriba. También se ofrecen entradas más caras, con accesos preferenciales, tours guiados y hasta con flexibilidad horaria.

 

Queda claro que para los norteamericanos, y más puntualmente para los neoyorkinos, levantar este edificio significó mucho más que una torre llena de oficinas comerciales. Es literalmente llenar el vacío que les quedó aquella mañana del 11 de septiembre del 2001, cuando dos aviones secuestrados a manos de terroristas destruyeron las Torres Gemelas. Es el símbolo del renacimiento, la autodemostración que el espíritu americano triunfa aún en las peores circunstancias.

Y ése es el concepto que unifica las muestras multimedia que están ubicadas en el acceso. Porque luego de pasar los controles de seguridad y antes de los ascensores que nos llevarán a la cima se atraviesan unos pasillos con pantallas de alta definición en las cuales se pueden ver los testimonios de distintos protagonistas de la reconstrucción, entre ellos arquitectos y obreros.

Los ascensores también son parte del moderno show. Las paredes de los 5 elevadores están recubiertos de pantallas de LED, donde se proyecta una animación sobre el crecimiento de la ciudad desde el Siglo XVII hasta hoy. Esta especie de time lapse dura menos de 50 segundos, lo que le demora al ascensor llegar hasta el piso 102.

Una vez arriba, otra proyección multimedia y, sorpresivamente… No, no vamos a spoilear.

Las primeras vistas de la ciudad sorprenden. Por más que ya hayamos estado en el Empire State o en Top of The Rock. Incluso, a los más veteranos que recordamos haber subido a las Twin Towers hace décadas.

El observatorio, en realidad, está integrado por tres pisos diferentes y en cada uno encontramos distintas opciones. El Main Observatory está en el piso 100 y es desde donde se puede disfrutar la panorámica de 360º. En los otros dos pisos hay sectores más específicos, como el bar donde te podés sentar a tomar unos tragos con vista al infinito.

En una de las puntas está el City Pulse, un círculo de pantallas que proyectan imágenes de la ciudad que está allá abajo. Justo detrás, hacia el norte, la vista más esperada: el Empire State y los demás rascacielos que se recortan en el horizonte.

 

¿Qué distingue este mirador de los otros? Por empezar, la tecnología. Evidentemente, el objetivo de quienes pensaron el OWO fue complementar la vista extraordinaria con las pantallas y el espectáculo multimedia. El desafío está en no competirle ni opacarlo.

Otra gran diferencia: no hay miradores exteriores (como en los otros edificios emblemáticos y como en las viejas Torres Gemelas). De alguna manera, la ausencia de ruido ambiente, de viento y de temperatura natural le resta puntos a la experiencia. También los reflejos en los cristales son una contra.

Es muy difícil establecer cuál de los tres miradores es mejor. Resulta, sin dudas, una experiencia muy personal. Lo único indiscutible es que vale la pena pagar la entrada y subir al One World Observatory. Y recién después, establecemos el ranking.

La cola para subir al observatorio

El acceso

Las pantallas multimedia que detallan la reconstrucción

Testimonios de quienes trabajaron en la construcción del edificio

Más multimedia para anticipar un espectáculo único

El espacio es muy amplio y no hay tanta gente amontonada

La gente se encandila por las vistas del atardecer

Los reflejos y la suciedad en los cristales complican un poco

 

Es obligatorio quedarse hasta el final